Durmiendo con el Enemigo - Pordenone Trasgressiva

Durmiendo con el Enemigo - Pordenone Trasgressiva

Hay tantos momentos en la vida que realmente nos llevan a pensar en miles de cosas con tal de salir adelante y conseguir todo lo que aveces pensamos que es imposbile, desde adular, hasta ceder a propuestas extrañas e indecentes, incluso, peor aún, hasta dormir con quien consideramos sería propiamente un fetiche, un enemigo de aquello que siempre hemos creido como el hombre perfecto para tener en la cama y entre las piernas.


Soy una mujer entera, que sabe lo que tiene y lo que quiere, que entiende que para tener lo que deseamos aveces es bueno que nos pongamos los tacones bien puestos y dejemos a un lado ese cliché que le hemos puesto a ese macho con el que solo en sueños creimos tener dentro de la vagina.


Hay hombres que consideramos como Fetiche, porque no nos gustan como tal, pero que tienen algo en sí que cautiva y fascina pero con el que solo consideramos que podría pasar el sexo solo por accidente.


Personalmente considero a mi vecino como un hombre no muy agraciado, no tiene buen cuerpo, solo que se le marca un bulto bello que es lo único que me despierta ese pensamiento de: "Cómo será tener sexo con ese tipo?" Clásico, una idea fetichista, un pensamiento que creemos que solo pudiera ocurrir en lo mas lejano.


Ahora, tornando a mi vecino, es detestable, siempre anda perfumado, siempre anda malhumaorado, no saluda, nunca da los buenos dias, es creído y ademas arrogante, es un enemigo público que tengo al lado de mi casa, pero repito, hay algo que me provoca coger con el. Una noche, mientras estaba en casa de Thais, celebráabamos una fiesta y llegó él, Alejandro se llama, era invitado, que extraño, luego de creerlo tan ermitaño, lo miraba justo ahí en la fiesta con nosotros... Se sentó frente a mi mesa, bebiamos y jugábamos a la ruleta del Tequila, bebiendo esos Shots matadores pero deliciosos. Y por fin, entabblamos una conversación, donde era evidente nuestro repudio, pero era evidente nuestro deseo. A lo que me dijo:"Ya que me odias, porque no coges conmigo a ver si me terminas de odiar?" Waooo... Era un insulto, pero también era una propuesta que no sería mal probar para saber si realmente era grande esa polla que se miraba siempre y que yo criticaba tanto. Alejandro se comenzó a tocar, y bajo la mesa empezó a meter su pié y tocarme la vagina, el tipo era un sucio, pero tenía ganas de coger y era hora...


Mi amiga nos puso como penitencia ir al cuarto y aclarar nuestras diferencias, y apenas entramos me besó, le di una bofetada, luego me agrarró a la fuerza, me besó y me tiró a desvertirme...


Me dió un gran cogida en cuestión de segundos, recuerdo que pude acabar tres orgasmos en solo unos diez minutos... Decidí que tenía que llevarme a mi enemigo a casa, y allí seguimos la juerga, seguimos cogiendo hasta el amanecer, mer ardía el clítoris, me dolía el culo, mi cuerpo ya no podía, ese tipo era insaciable, un desgraciado que sabía coger como un dios... Hoy solo les puedo decir que esa noche la recuerdo, y que aún, cuando me dan ganas de cogermelo, me siento como aquella película de Hollywood que se llamaba "Durmiendo con el enemigo"...


Sí, durmiendo con el tipo que detestaba pero que era el único que me había sabido coger como ninguno.


Hoy sigo Durmiendo con el Enemigo, el rico, detestable pero delicioso enemigo.

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